Sus colegas lo llaman "El Justiciero". Pero él reniega de su apelativo. Quisiera borrar de su vida la madrugada del 12 de marzo, cuando dos jóvenes subieron a su taxi e intentaron asaltarlo en Barrio Sur. Uno de esos muchachos fue encontrado muerto horas después, tirado en la calle, con un disparo en el pecho.
A 36 días de aquel trágico episodio, Raúl B. sigue preso en la alcaldía de la Dirección de Investigaciones. La Justicia ya ordenó su libertad, pero él no consiguió aún los $ 30.000 que debe pagar a modo de caución. Asustado -pidió que no se publicara su apellido y que no se le tomaran fotos-, dice que no sabe cómo debería reaccionar si vuelven a asaltarlo. "Nunca me imaginé algo así, de estar detenido y sentirme un delincuente. Lo único que yo hice fue defender mi vida", aseguró el chofer, de 55 años.
- ¿Qué pasó esa madrugada?
- Eran dos muchachos los que iban en el auto. Uno atrás y otro en el asiento del acompañante. Me habían pedido ir a un lugar, pero yo les dije que no entraría ahí. Así que cambiaron de destino y solicitaron que los llevara por avenida Roca y Bernabé Aráoz. Cuando íbamos por pasaje Grimau Gálvez me hicieron detener. Yo encendí la luz para cobrarles y me empezaron a ahorcar con una especie de cinto. "No hagás nada", me dijeron. Les contesté que se llevaran todo y puse las manos en el volante. Entonces, sentí una trompada infernal en el ojo. El de atrás aprovechó para bajarse y, por la ventanilla, me dio un culatazo en la oreja. El otro también me golpeaba y buscaba dinero. Ahí, el que tenía el revólver me lo apoyó primero en el pecho y después me lo asentó en la pierna. Yo sabía que iba a disparar, así que le levanté la mano y escuché el reventón. Después, los dos salieron corriendo.
- ¿Por qué no hizo la denuncia?
- Porque si me veían los golpes me iban a secuestrar el auto y me quedaría sin trabajar el fin de semana. Igual, yo no sabía qué había pasado. Si incluso perseguí en el auto al que llevaba el arma hasta que saltó una tapia. Unos colegas pasaron por ahí y me aconsejaron que nos fuéramos a la casa. Y eso hice. Pero me desperté a las 11 del otro día con tres agentes en mi casa que me llevaron preso. Y acá estoy.
- ¿Cómo es la calle para un taxista?
- Yo trabajo hace cinco años. Los últimos tres, de noche. Y es muy peligroso. Para colmo, se gana muy poca plata, pero es lo que hay. No tenemos muchas opciones.
- ¿Ya lo habían asaltado?
- Esta fue la primera vez. En una ocasión me di cuenta de lo que iba a pasar y me metí a una estación de servicio. Dije que se había roto el auto, así que no me robaron. Venía teniendo suerte, porque según mis compañeros hay unos seis asaltos cada noche. Pero nadie los denuncia.
- ¿Qué siente hoy?
- Bueno, no sé cuándo saldré. Ya me notificaron sobre mi libertad, pero sigo acá. Y mi familia está muy mal.
- ¿Qué piensa antes de irse a dormir?
- Muchas veces llegué a arrepentirme de haberme defendido. Soy diabético e hipertenso. Así que de vez en cuando trato de tomarme el pulso a mano. Pero es muy difícil, lógico. Así que ando como Dios me ayuda.
- Su expectativa lógica a corto plazo es recuperar la libertad. ¿Qué hará cuando esto suceda?
- Y, no sé. Se me pone difícil volver a trabajar. Mi familia no quiere saber nada con que me suba a un taxi... Honestamente, no sé cómo sigue mi vida.